El chofer no se detuvo hasta la siguiente parada y yo caminé cuatro cuadras de más. Hacía mal tiempo y era en demasía temprano. Resbalé en la acera pero me detuve de un poste de luz y aceleré el paso aunque nadie me vio. En el hospital no hubo nada nuevo, un niño grosero entró a consulta y me enseñó la lengua, yo le obsequié un caramelo con la intención de que se ahogara pero decidió guardarlo para después. Admiré desde el abdomen bajo de la doctora la figura del sol naciente y me pidió que me retirara, así que salí con unos amigos a beber un par de cervezas. Mas tarde borracho comencé con un juego que nadie entendió y ofendí a mi amiga aunque no recuerdo cómo. Dos hermosas señoritas entraron al lugar, masqué chicle de menta pero se percataron del alcohol y rehusaron darme su teléfono inventando excusas tontas. Las seguí con la mirada hasta que se retiraron y comprendí que el acento británico me había hecho parecer un perfecto idiota. Tomé un taxi directo a casa y le pagué con un reloj, siempre me olvido el efectivo. Lucía gritó desde su ventana: Tomando entre semana briago. Si supiera del Mardi Grass sabría que se bebe el día entero siempre, pero ella no puede comprar leche para su hijo y tampoco piensa mucho en viajar. La invité a mi cama pero accedió ver un filme de Peter Greenaway. Dormí antes de los créditos, ella sirvió leche y dijo algo sobre limpiar el refrigerador. Salió apagando la luz y yo desperté al escuchar el motor que la llevaba a la pasión. Faltaban unas horas para el nuevo día y yo me sentía listo. Nunca recordé programar el despertador.
Azoe 7:42 PM
Wednesday, September 27, 2006
Soltero y en la faceta depresiva de mi bipolaridad abandoné temprano el hospital, ya no importaba la calificación, ni la asistencia, ni la doctora ni su tatuaje sexy. Tan gris la tarde y futbol por la televisión. Tan aburrido encuentro y tanto comercial. Tan fría comida y tan insípida como ayer. Debuté en los partidos del miércoles sentado en la banca y no pisé el campo hasta bien pasado el segundo tiempo cuando impacté con odio mi codo sobre la cabeza del adversario. El árbitro simplemente se limitó a marcar la falta pero sin amonestar. Ganamos y después regresé noche a mi casa. Mi sopa estalló en el microondas porque, dado mi desinterés por todo programé el aparato para calentar por veinte minutos en lugar de dos. La casa olía humo. Yo cerré toda comunicación con el exterior para morir ahogado pero no sucedió, me di cuenta cuando Celine Dion cantaba para despertarme. Ya era jueves.
Azoe 5:04 AM
Tuesday, September 26, 2006
Celebré un examen perfecto poniéndome a disposición de Morfeo la tarde entera, esperando soñar con el tatuaje sexy que la doctora del hospital donde practico mantenía escondido hasta que mi hábil mirada se percató ayer de ello. Cuando desperté era demasiado tarde para realizar cualquier otra actividad así que lancé los dardos pero después de trece intentos y ni un centro aborté el juego. Llovía y decidí refrescarme un rato, no importando mi garganta irritada ignoré la chamarra del closet y abrí la puerta. La calle oscura y mi celular vibró. Respondí la llamada y como el cielo lloré, después regresé a mi habitación y entre sollozos apagué la luz. Volví a quedarme solo. Ella me había esperado demasiado.
Azoe 11:01 PM
Monday, September 25, 2006
Guardé el número de la chica que anunciaba sus servicios en los clasificados del diario, tal vez podría llamarla así que lo deje a la mano. Salí del metro y deposité tres pesos en la mano de un vago que había aprendido a silbar como los canarios, reí y continué mi camino. Discutí por horas sobre las ventajas de contar siempre con un insecticida en el hogar con un imbécil que al parecer no sufría de aracnofobia. Respondí con un comentario poco apropiado para un estudiante de medicina ante la inesperada noticia de que el examen de neurología se había adelantado veinticuatro horas, así que sólo tenía diecisiete para repasar. Al subir al autobús elegí el único lugar disponible para sentarme por lo que sufrí la radiación ultravioleta del sol sobre mi facies y mi cabeza estalló en un terrible vaivén. Dormí cuatro horas y tan sólo desperté cuando la luna llena alumbró mi cama, después reconsideré la opción de cambiar mis cortinas. En la radio Angie de los rolling stones y mi humor considerablemente cambió. La vecina percatándose de la serenata decidió asomarse por la ventana a saludar y por fin me atreví a preguntar su nombre. Lucía me parecía uno de esos nombres de los que uno puede llegar a enamorarse fácilmente. Pensé en esto largo tiempo hasta que recordé la sentencia del test de mañana para el que me quedaban escasas horas. Calenté café y leí. Sí, Lucía me parecía un nombre perfecto.
Azoe 10:46 PM
Sunday, September 24, 2006
No dejó de acecharme hasta que escaleras abajo busqué insecticida, lo rocié por sobre todo su minúsculo esqueleto y el ambiente se torno espeso. Abrí la ventana mientras tosía y las persianas estaban levantadas pero no había rastros de ella. Había salido en la noche con el tipo del mustang y al parecer aún no había regresado. Lo que regresó fue esa punzada que atraviesa mi abdomen por las madrugadas y me arrodillé, pasé saliva y al incorporarme desayuné omeprazol y una barra de avena que se hizo espesa en mi boca. Sonó el celular pero no me atreví a contestarle, no tenía ganas de explicarle por qué no quise ir al centro con ella. Para cuando encendí el ordenador ya había pasado demasiado tiempo y necesitaba concentrarme, encendí un incienso y la ceniza cayó sobre mis pies descalzos, me recosté decidido a trabajar y entonces entendí que no había razón para copiar en una hoja el contenido del libro que el doctor de mañana ni siquiera se iba a molestar en leer, sólo era un pretexto más para justificar una calificación que no expresa mi conocimiento o dominio de la materia. Me cabreé y grité tan sólo para percatarme de que mi garganta seguía cerrada, entre muestras gratis, calcetines y preservativos encontré un caramelo para refrescarme y lo mordí con las muelas, justo como mi dentista me lo había prohibido. Pasado un tiempo salí al fresco con el jersey de un amigo que todavía tiene las cobijas que llevé cuando fuimos a acampar, miré las revistas del puesto de periódicos y saludé al tendero de la esquina que ese día se había dejado la barba. Regresé a casa a afeitarme y dibujé con espuma sobre el espejo, sonó el motor del mustang del tipo que coge con mi vecina y me perfumé. Tenía una cita más tarde al borde de la ventana, así que preparé los cigarrillos, busqué los cerillos y decidí que esa noche hablaría de Nueva Orleans, del jazz y su barrio francés.
Azoe 11:34 PM
Saturday, September 23, 2006
Sábado De Agonía.
Le llamé cuarenta y cinco veces a una amiga para salir al cine y a la cuarenta y seis compré una nieve doble de limón. Mi pie se hundió en uno de los charcos que la lluvia de hace rato había dejado así que patee un gatito que pasaba por ahí. Sonaba la obertura número 1 en C mayor de Johann Sebastian Bach cuando regresé a casa y había dejado la luz encendida. Tirado en el piso realicé ciento setenta y tres abdominales sin camisa hasta que el dolor me impidió continuar. Recibí un correo de mamá que no quise contestar y encendí un cigarro al pie de la ventana mientras contemplaba la desnudez de mi vecina, se percató y guiñó. Me llamo Carlos Escalante, le dije, y tengo la necesidad de hacerte hoy el amor. Tocó el timbre y se atascó, corté la electricidad y la poseí a oscuras en el recibidor de la casa que rentaba. No pidió dinero pero amenazó con regresar en otra ocasión. Tomé un baño de agua caliente mientras fumaba el último cigarrillo y después vomité. Cené los restos de un churrasco que había ordenado el día anterior en un restaurante argentino de cierto renombre. Abrí seis latas de cerveza y bebí hasta quedar dormido. Esa noche soñé que tomaba vodka en un parque de diversiones con una doctora cuarentona del hospital donde laboro que me excita y es soltera. Después buscamos un hotel barato y mientras subíamos las escaleras yo tocaba su trasero. Desperté con ardor de garganta y la ventana abierta. Era domingo y aún faltaba mucho por hacer.